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Nicolás: ‘Una vida en proceso de descomposición’

El sol se coló un día más por las ventanas sin persianas de aquél maldito apartamento. Nicolás amaneció una mañana más junto a Ella preguntándose hasta cuándo duraría lo único que le quedaba por perder en su miserable vida. Antes de poder bostezar y desperezarse, aquella nube tenebrosa se acercaba a su entrecejo llenándolo de números rojos y facturas por pagar.
Afligido y abatido por su patética situación se arrastraba hasta la cocina para hacerse su matinal zumo de naranja pensando en que sería mejor eliminarlo de la dieta para ahorrar unos euros que ya no tenía. Vaso de leche y dulce industrial del barato, previo al café soluble con cigarrillo, a veces mezclado con algo de hierba ayudaba a recuperar un poco el humor.
Antes de meterse en la ducha se asomaba a la terracilla y miraba la llama del calentador para ver si ya le habían cortado el suministro. Hoy al menos podía ducharse aún con agua caliente.

Sus profundas ojeras y una sonrisa casi extinta formaban la triste estampa de un perdedor con su vida en proceso de descomposición. Atrás quedaron la jovialida y el amor a la vida que Nicolás profirió todos estos años. Lejos quedaron los sueños y metas que con tanto esfuerzo alimentó.
Nicolás se lamentaba al tiempo que intentaba encontrar la solución a su desdicha pero no encontraba remedios, estaba sumido en un pozo de necesidad y desventura, comenzaba a perder las ganas de vivir.
Ella y solo Ella conseguía arrojar algo de luz a un corazón a punto de estallar en mil pedazos. Ella era su luz y su camino, una luz que se ahogaba en un camino intrincado que amenazaba con llegar a su fin.

Nicolás se sentía humillado, despreciado e inmensamente incomprendido dentro de su miseria. Las eventuales farras llenas de alcohol, cocaína y rock&roll comenzaban a convertirse peligrosamente en su única manera de romper con todo y sentirse bien, o al menos durante unas horas. Su desesperación tomaba ya un tinte oscuro, demasiado oscuro para poder ver.
Pero Ella aún merecía un último esfuerzo para salir de aquella, era ahora o nunca y él lo sabía. Se terminaba el tiempo y la cordura.

Nicolás miraba aquél reloj de bolsillo chapado en oro que su abuelo le dejó. Estaba parado como él, y se preguntaba con el corazón en un puño cuánto le darían en un despreciable compra-venta de oro. Era lo único que tenía de su querido abuelo y estaba a punto de mal venderlo por pura necesidad mientras recordaba entre agridulces lágrimas su maravillosa niñez.

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Aquél niño

Yo soy aquél niño, tímido y risueño de cabellos dorados, regordete y de ojos claros que ante la pasividad y egocentrismo de aquél que sembró la semilla llegó varado y ausente de su afecto hasta el día de hoy.

Yo soy aquél niño, adorado por aquél que sembró la semilla primera y que dio lugar a la misma que más tarde le engendró, a quién le debe su nombre y al cual  aún hoy  recuerda con desconsuelo  y le llama abuelo en el nombre del padre.

Yo soy aquél niño, que se hizo a sí mismo y que, cual muñeco de trapo, de  mano en mano iba buscando afligido entre unos y otros la figura irreemplazable de su creador.

Yo soy aquél niño, que entre paños de seda fina hacía las gracias de todos menos de aquél que nunca debió faltar.

Yo soy aquél niño, tan amado y mimado por sus guardianes, hoy ausentes por el inexcrutable paso del tiempo, y que gracias a su inconmensurable labor, aquél niño, lejos de caer en la desdicha y la amargura eterna, se convirtió en ese intenso sentimiento del ser humano que llaman amor.

Yo soy aquél niño, retraído y desgarrado  por espinosos  interrogantes  que un buen día  decidió olvidar y eliminar de su alma  para poder seguir  su camino y encontrar sus propias respuestas en el rincón de la felicidad.

Yo soy aquél niño, que sin rencor anhela sembrar su propia semilla y dar todo aquello que a él se le negó.

Yo soy aquél niño, que hoy juega a ser mayor y que escribe desde sus entrañas en aras de poesía con el corazón en la mano y rebosante de amor.

Malo hasta el hueso

Ahí viene de nuevo invadiendo mi espacio con su lúgubre aura.Déjame en paz! Vete de mí! Yo no te invoqué, nadie te llamó!

No permitiré que te apoderes de mi frágil voluntad con tus oscuras artimañas esta vez, así que lárgate por donde has venido! Tu mezquindad no podrá conmigo de nuevo.Hoy no permitiré que tus miedos campen a sus anchas dentro de mí para  inmovilizarme con tus inquietantes pensamientos.

Te lo advierto, no me busques más porque  neutralizaré tu lóbrega y tenebrosa sombra y te venceré como siempre hice.Mi furiosa cólera caerá sobre tí fulminándote de un solo golpe!

– Jajaja! Tus amenazas son tan absurdas como inocuas amigo mío.No me trates como si fuera una indeseable visita, pues yo soy tú y siempre yací entre los dos.No pierdas el tiempo intentando evitar que me  adentre en tus entrañas porque yo ya estaba aquí antes de que te percataras de mi presencia. Jajaja! Puedo ver como en vano te das cabezazos contra la pared intentando librarte de mí. Esa es mi mayor gloria!! Jajaja!

Así que… siempre estuviste en mi? No te creo! Intentas engañarme de nuevo para apoderarte de mis pensamientos.Pretendes que me introduzca en tu espinado y tenebroso laberinto para desorientarme y conseguir que caiga en tus sucias y  afiladas garras.No sucumbiré! Esta vez no! Tu maldad no llegará hasta mis huesos! Mientes!

– Pobre ignorante, pierdes el tiempo vomitándome tu ira.No te engaño, yo siempre estuve aquí estúpido! Lo que sucede es que tardaste mucho tiempo en darte cuenta de que ambos formamos parte de la esencia de tu ser. Debes aprender a controlar las dos caras de la luna que componen la naturaleza de todas las cosas.Busca el equilibrio entre los dos y dejaré de molestarte.

Todas las cosas en el mundo son dos, bondad y maldad. Tenemos la mano izquierda, cerca del corazón, con la que ofrecemos bondad. Y la mano derecha con la que golpeamos. Un pie puede llevarnos a un paso bueno y otro a un paso malo. Así pues todas las cosas del mundo son dos, solo dos.

Así lo dice Wakan Tanka, El Gran Espíritu de nuestro pueblo y nuestra madre la Pachamama.

Jefe Sioux.

Sabiduría Nativa Americana.

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