MI VIAJE A LA INDIA.3

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Atrás quedó Goa junto a  innumerables experiencias que siempre recordaré con mucho cariño.Marché a Delhi en vuelo doméstico con la intención de subir a las faldas del Himalaya, donde según me habían comentado existía un pequeño pueblo, McLeod Ganj, con una gran presencia tibetana en el que podría encontrar diversos talleres-escuela en los cuales recibir clases de cocina hindú y tibetana.Siempre me interesó mucho la cocina hindú, soy un fan de los currys, y que mejor modo de empaparse de una cultura que a través de su gastronomía.

Viajé en tren desde la capital indi dirección norte hasta donde terminaba la vía férrea del país en aquél punto cardinal.Llegué a la estación de Deradum sin más información,bajé del tren mucho más cargado de equipaje del que llevé a Goa, quizá por esto y por la presión atmosférica de encontarme a casi dos mil metros de altura me sentí bastante fatigado.Me senté en un banco y por vez primera en mi viaje me sentí bajo de energías y muy perdido.Divisé un punto de información, pero estaba repleto de indis haciendo una cola que no parecía avanzar y me dirigí a un  militar que hacía guardia para preguntarle por orientación, pero no hablaba nada de inglés y parecía poco colaborador.No sabía como salir de allí ni en qué dirección hacerlo.Por suerte topé con la única persona blanca que parecía haber en aquél lugar,un chico escocés que aparentaba encontrarse en las mismas circunstancias y entre los dos conseguimos dar con una parada de autobuses.Sin tener mucha certeza de cuanto duraría el trayecto o de si llegaríamos a algún lugar donde pudiera continuar el viaje hasta el pueblo prometido subimos a un autobus que parecía haber sobrevivido desde los años 50 en dirección a Shimla.La distancia entre Deradum y Shimla,creo recordar que era de escasos doscientos km.Tardamos cerca de siete horas, y si anteriormente comentaba la precariedad de las carreteras en el trayecto de Mumbay a Goa, las que encontré en el camino hacia el Himalaya eran escalofriantes.El ancho de un arcén repleto de socavones no llegaba a los cuatro metros.En muchos tramos el camino era de piedras y tierra, y en gran parte, la subida era en forma de caracol.Cuando ví los escasos 15 cm que separaban las ruedas del bus de un enorme precipicio me agarré al asiento que tenia delante y apreté bien fuerte los dientes.Cada vez que nos cruzábamos otro vehículo ya no sabía que más apretar!, pero eso era la aventura y afortunadamente lo puedo contar hoy!.

En Shimla encontré un bonito pueblo de montaña lleno de amenazantes primates curtidos en el arte del hurto y turistas indis celebrando la fiesta local.Fue alentador encontrar un lugar de información turística en el que poder planear el resto del trayecto hacia McLeod Ganj, pero antes quise pasar unos días conociendo el lugar, y ya que había pasado el mal trago del bus con aquél chico escocés, alquilé con él una habitación para economizar la estancia.

Por vez primera pasé frío en la India.La temperatura era bastante baja y por la noche había que echarse la manta encima.Paseando encontré a mucha gente que preparaba viajes en grupo  hacia la montaña,me sentí muy tentado, pero no llevaba equipo necesario para ello y preferí administrar mejor las pocas rupias que me quedaban para el resto del viaje.

El que se había convertido en un pasajero compañero de viaje enfermó.Dios mío, como podía vomitar tanto!.Se conoce que comió o bebió lo que no debía y se pasó tres días echando por la boca los intestinos.Así que pasé más tiempo del que deseaba en Shimla.No me parecía ético dejarle allí tirado de aquel modo,así pues cuidé de él hasta que se recuperó.Le dejé subido a un bus en otra dirección y me puse en marcha hacia Dharamsala,el último escollo hasta McLeod Ganj.Al llegar allí hice equipo con una pareja de norteamericanos y pagamos a un lugareño para llevarnos con su coche hasta el pueblo.Por fin llegaba a McLeod Ganj! donde me esperaba Karen, una encantadora amiga keniata que hice en Goa.Me acogió en su habitación y me hizo una introducción al lugar.

Efectivamente la presencia tibetana era predominante en un pueblo que básicamente constaba de un km y medio de  estrecha pendiente  con edificios a los lados llenos de carteles anunciando talleres de todo tipo, cocina, pintura, flauta, yoga, confección, idiomas y un largo etc.Era perfecto! Por primera vez  traté con unos monjes budistas que desprendían una paz y una armonía difícil de encontrar en occidente.Pronto entendí por qué existía aquella afluencia de tibetanos en un pueblo indi.La mayoría eran refugiados que habían escapado de la represión china en Tibet.La gran sorpresa que me llevé fue saber que justo en este pueblo estaba el monasterio y la casa del exiliado Dalai Lama.

Me inscribí en dos talleres de cocina, hindú y tibetana respectivamente, en los cuales aprendí a grandes rasgos las artes de cada gastronomía y conocí entre otros a una extraordinaria pareja de madrileños, Arturo y Mariana, que dejaron todo para viajar por Asia durante un año.Me agradó mucho intercambiar impresiones con los únicos españoles que encontré en todo el viaje.Regresé a España por unos instantes e incluso celebramos la Liga que le había ganado una semana antes el Madrid al Barcelona de forma apoteósica.Pero sobre todo me queda un gran recuerdo de las interesantísimas conversaciones con Arturo,profesor de filosofía y hombre de mundo.

En el próximo y último post acerca de mi viaje hablaré casi exclusivamente del conflicto que existe en el pueblo tibetano,pues asistí a una charla de un antiguo preso político de China, en la cual tomé conciencia del gran problema al que se enfrentan desde hace más de cincuenta años y que no solo ha dejado al pueblo tibetano sin un Estado propio desde la invasión de China en 1950 sino que además puede acabar con una filosofía de vida milenaria,el Budismo.

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2 comentarios»

  eleklektiko wrote @

Desde luego, empaparse de la cultura de un país a través de su cocina me parece un total acierto, y más si quien lo hace es cocinero, ahora eso de Karem me esperaba y me “introdujo” en su habitación no lo recalcas demasiado, creo que sonaba a muy interesante. Quizá sea una metáfora, quizá… quizá … quizá…

  El Fini wrote @

jajaja! Que perspicaz eres Eklektiko..He dicho que me acogió en su habitación y que me hizo una introducción al lugar.Aaayy alma calenturienta!jaja!


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